El enfoque de género en el tratamiento de las adicciones

Cómo adaptar el tratamiento a las necesidades específicas de las mujeres

Immunization of child

El consumo problemático de drogas es un fenómeno multidimensional. Como tal, al momento de proponer un plan para su abordaje, se deben considerar las múltiples aristasque van condicionando las prácticas de consumo, incluyendo las variables de género.

Si bien en Chile, por lo general, la prevalencia de consumo de drogas en  hombres ha sido mayor que la de las mujeres, ha habido una tendencia al alza de estas últimas -en especial en adolescentes y consumo de alcohol- tornándose una problemática más visible (1).

Atendiendo a dicha realidad, Dianova Chile ha implementado tres programas específicos para mujeres con enfoque de género. En el presente artículo se desatacarán las particularidades y desafíos que adquiere el tratamiento de adicciones con mujeres, con miras a la promoción de buenas prácticas en el área.

El enfoque de género

Antes de proseguir, es importante señalar qué se entiende al hablar de perspectiva de género. El género es una construcción simbólica -por ende cuestionable y mutable- basado en la diferencia de los sexos, que incide en la constitución subjetiva y dicta pautas de comportamiento. Históricamente se ha evidenciado una desigualdad estructural entre hombres y mujeres, producto de una subvaloración del género femenino (2).

El intervenir desde un enfoque de género permite dar cuenta de los efectos de la socialización de género e implica identificar las problemáticas específicas que aquejan a las mujeres y los efectos de haber sido socializadas como tales, incluyendo las repercusiones en su trayectoria de consumo (motivaciones, procesos de recaídas, patrones de consumo, etc.).

Para acoger dicha necesidad, en los programas se han incorporado a las/os hijas/os como un área de intervención, disponiendo de espacios físicos para ellas/os (guardería) y de personal especializado para su cuidado (parvularias), así como también el desarrollo de talleres que promueven el desarrollo del apego y brindan herramientas para la promoción vínculos saludables, evitando reproducir patrones de crianza violentos o negligentes.

Pregnant womanTambién se ha adoptado la flexibilidad horaria y de acceso, siendo muchas veces los profesionales los que se acercan a las viviendas de las usuarias, en especial aquellas que son puérperas y presentan mayores dificultades para trasladarse.

Se  incorporó la atención en extensión horaria para privilegiar el acceso de las usuarias que, por motivos laborales, no pueden asistir en los horarios predeterminados, lo que ha tenido un efecto positivo en la adherencia.

Como parte del trabajo terapéutico, tanto al interior del equipo como con las usuarias, se ha ido cuestionandola identificación tradicional mujer = madre, abordando el amplio espectro de significaciones que hoy en día tiene ser mujer en una sociedad altamente patriarcal, visibilizando también la violencia estructural y de estado a la que estamos constantemente expuestas como mujeres. Es así como se dan espacios para interrogar la naturalización de la maternidad, dando cabida para elaborar las maternidades  no  deseadas, brindando apoyo psicológico y propiciando la desculpabilización que sobreviene generalmente en las mujeres consumidoras de drogas por el incumplimiento con los roles normativos tradicionalmente designados a las  mujeres: “buena madre” o “buena esposa”.

Gestión de la violencia

Por otra parte, asociado al consumo de drogas, es común observar otras problemáticas como violencia en la pareja o vivencias de carácter traumático -en especial violencia sexual- lo que incide en el desarrollo de trastornos del ánimo y/o personalidad y estrés post traumático. En ese contexto, el uso de sustancias suele tener un carácter farmacológico, de  automedicación o como estrategia de afrontamiento.

Al añadirse otros nodos de conflicto hay que tener especial cuidado, pues las mujeres pueden sufrir revictimización: por ser víctimas de violencia, drogodependientes y la victimización institucional que implica el ser derivadas de un servicio a otro, teniendo que repetir sus historias, sin recibir comprensión integral en ninguno.

Para evitar dicha situación se ha potenciado el trabajo en red con organismos como la “Casa de la Mujer” y se ha participado activamente en la “Red de género comunal” a modo de sensibilizar a otros dispositivos -de violencia, infancia y judiciales- respecto de la problemática de adicciones para evitar el enjuiciamiento y discriminación de las mujeres.

Conclusión

Para concluir, es importante señalar que la incorporación de la perspectiva de género ha permitido brindar un servicio más especializado y atingente a las necesidades de nuestras consultantes. Aún así, es necesario seguir potenciando dicho enfoque apuntando hacia el empoderamiento de las mujeres. Un desafío a futuro sería implementar programas de bajo umbral y en territorios de mayor vulnerabilidad -población en situación de calle o que ejerce comercio sexual- con miras a generar tratamientos más inclusivos que abarquen la heterogeneidad de la población,disminuyendo las brechas de acceso a la salud y oportunidades de integración social.

Referencias

1. SENDA  (2015). Décimo primer estudio nacional de drogas en población general, 2014. Servicio Nacional de prevención y rehabilitación del consumo de Drogas y Alcohol, Ministerio del Interior y Seguridad Pública. Santiago. http://www.senda.gob.cl/media/estudios/PG/2014_EstudioDrogas_Poblacion_General.pdf

2. Martínez, P. (2008). Perspectiva de género aplicada a las drogodependencias. Asociación de Entidades de Centros de Día de Drogodependencias. Salamanca, España. http://www.asecedi.org/docs/GENERO.pdf