Empoderar las mujeres permite contribuir al desarrollo

Cuando a las mujeres se les garantiza la igualdad de acceso y la igualdad de derechos, la comunidad entera se beneficia y se produce un crecimiento exponencial en la educación, la salud, los ingresos y la participación comunitaria y política.

Mujers en un campo de té (India)

Además del trabajo formal, muchas mujeres realizan tres veces más trabajo no remunerado que los hombres

En la actualidad, 836 millones de personas viven en la pobreza extrema, y en las regiones en desarrollo, 1 de cada 5 personas vive con menos de 1,25 dólares diarios.  A pesar de estas cifras impactantes, la Agenda 2030 de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible procura erradicar la pobreza antes de 2030. Sin embargo, esto no se puede lograr si continuamos como si no pasara nada y seguimos dejando atrás a las mujeres.  Según estudios recientes, el empoderamiento económico de las mujeres es fundamental para reducir la pobreza y constituye una condición previa para el desarrollo sostenible, aprovechando el potencial de alterar significativamente el curso de la Agenda 2030.

Si bien las investigaciones refuerzan el vínculo entre el empoderamiento económico de las mujeres y el desarrollo sostenible, los Estados siguen sin dar prioridad al asunto. La cuestión del empoderamiento económico de las mujeres y su papel en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible se trató en el Foro Político de Alto Nivel (FPAN) de 2017 sobre el Desarrollo Sostenible organizado por las Naciones Unidas.  A continuación, se indican algunas de las estadísticas, los temas y las recomendaciones principales que se discutieron en el FPAN de 2017:

El papel de las mujeres en el mercado de trabajo

Solo el 50 % de las mujeres capaces de trabajar forma parte del mercado de trabajo, frente al 77 % de los hombres con la misma capacidad.   Asimismo, por cada dólar que gana un hombre, las mujeres solo ganan 77 centavos, y tienden a ocupar puestos de trabajo vulnerables, menos protegidos e infravalorados.   Además del trabajo formal, muchas mujeres realizan tres veces más trabajo no remunerado, no oficial o informal que los hombres (a saber, realizar tareas domésticas, cocinar, limpiar, recoger agua y leña, trabajar en el campo, cuidar a los niños y los ancianos, etc.).   Las mujeres de color, junto con las mujeres indígenas, las refugiadas, las inmigrantes y las migrantes, se encuentran entre las más marginadas en lo referente a la participación en los trabajos formales e informales y el acceso a los mismos.

El papel de los hombres en el empoderamiento económico de las mujeres y la interrelación de la desigualdad

A menudo se persuade a los hombres y los niños de que se interesen en los asuntos que afectan a las mujeres y las niñas, porque esa mujer tratada injustamente podría ser su madre, su tía, su hermana, su hija, etc. Este argumento es razonable y un tanto efectivo para movilizar a los hombres, pero no debería ser la única razón por la cual los hombres y los niños apoyan a las mujeres y las niñas; y ciertamente, no deberían necesitar persuación para prestar atención a los asuntos que afectan a las mujeres y las niñas.  Los hombres y los niños deberían interesarse en cuestiones tales como el empoderamiento económico de las mujeres, porque ellas merecen que se admitan y se respeten sus derechos humanos fundamentales.  Las familias, las comunidades y los Estados no pueden alcanzar niveles óptimos de bienestar social, económico y físico cuando se excluye o se discrimina a la mitad de la población.  Los derechos humanos de las mujeres están inextricablemente ligados a todas las cuestiones de los derechos humanos y a todos los asuntos de desigualdad que impiden el desarrollo sostenible y, en última instancia, afectan a todos.

Recomendaciones para empoderar económicamente a las mujeres

Las razones para empoderar económicamente a las mujeres no solo son moralmente sólidas, sino que también tienen sentido desde un punto de vista práctico y económico. Concretamente, podrían añadirse 12 billones de dólares al PIB antes de 2025 si se eliminara la desigualdad de la fuerza de trabajo .  Para ello, deben producirse numerosos cambios sistémicos y transformativos a nivel local, nacional y mundial.  A continuación, se indican algunas recomendaciones propuestas por los panelistas en el FPAN de 2017:

  1. Aumentar el acceso a los servicios públicos asequibles o universales, tales como el cuidado de los niños, la educación, la asistencia sanitaria y la protección social.  La falta de servicios públicos accesibles, asequibles y equitativos socava considerablemente la capacidad de las mujeres para participar en el mercado laboral.  Esto se debe a que las mujeres realizan la mayoría de los trabajos informales, no oficiales y de cuidados, y son quienes soportan la carga de suplir estos servicios necesarios en sus familias, bien quedándose en casa, bien trabajando turnos dobles o triples.
  2. Reconocer y examinar los factores múltiples y complejos que influyen en la capacidad de las mujeres para acceder al mercado de trabajo, tales como el matrimonio infantil, las guerras y los conflictos, el embarazo adolescente, la violencia de género y las leyes y políticas discriminatorias que excluyen o dificultan el acceso de las mujeres a la educación, la participación política y a determinados sectores del mercado laboral.
  3. Es hora de que los hombres y el sector privado se responsabilicen por las desigualdades de género.  Ellos desempeñan un papel fundamental en la lucha por la igualdad de género y deben formar parte de la solución.
  4. Los Estados y las regiones deben comprometerse a priorizar el empoderamiento y la inclusión de las mujeres, reconociendo que esta cuestión es un prerrequisito para el desarrollo sostenible.
  5. Crear plataformas para que las mujeres, la sociedad civil y las ONG se comuniquen, colaboren y establezcan contactos con las partes interesadas pertinentes, así como con los miembros del sector público y el privado para salvar la brecha entre los sectores formal e informal.  Las alianzas y las asociaciones multilaterales son fundamentales.
  6. Aumentar el acceso de las mujeres al crédito, a la banca y a los programas de microcrédito.
  7. Aplicar un salario mínimo en todo el mundo.
  8. Aumentar el acceso a las herramientas digitalesy trabajar para poner fin a la división de géneros en lo referente a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).   Hay 2.300 millones de mujeres sin acceso al internet.  Las TIC poseen el potencial de llegar hasta quienes están más alejados o a los más difíciles de alcanzar y les proporcionan herramientas para iniciar o acelerar exponencialmente su acceso al mercado laboral
  9. Crear leyes y políticas integrales y holísticas (a nivel local, nacional y mundial) que garanticen y hagan valer la igualdad de género y desmantelen la mentalidad de “aquí no pasa nada”.
  10. Alentar a las mujeres a que ayuden a otras mujeres y creen plataformas para establecer contactos y mentorías. Las mujeres deberían trabajar colaborando entre sí y empoderarse mutuamente.

La igualdad de género y el desarrollo sostenible son mutuamente dependientes.  El empoderamiento económico de las mujeres tiene el potencial de fomentar y acelerar logros sustanciales en el desarrollo humano y en la economía, tanto a nivel local como mundial.

 

El desarrollo no puede ser transformativo ni sostenible si la mitad de la población se ve obstaculizada.  Invertir en las mujeres es beneficioso y lo seguirá siendo.